Noche con un vagabundo

junio 24, 2009

Vagabundo
El vagabundo se encontraba en cuclillas en un rincón, cuando escuché que me gritaba. Pensé que estaba haciendo sus necesidades, pero al acercarme me di cuenta que no, sólo estaba en cuclillas. Le pregunté que quería. Pensé que iba a pedirme una moneda o algo por el estilo, pero no; sólo quería invitarme a compartir su soledad, sus historias y su vino.

Tenía una caja de dos litros, y tomamos desde la misma. Él olía mal, pero al cabo de un rato eso no importaba, sólo importaba lo que teníamos que decir. Las historias pasaban una tras otra, entre risas y llanto. Cuando contaba sus historias, entre su opaco y sucio rostro, podía percibir el brillo de sus ojos, que por un instante no expresaban dolor y soledad.

Nos abrazamos, y dormimos juntos capeando el frío. Fuimos amigos por una noche, y más que amigos fuimos iguales. Al despertar, él ya no estaba. Tampoco estaban mi chaqueta, mi billetera y mis zapatillas.

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