Olores

octubre 27, 2009

negro

Llegó agotada a su casa y le pidió a su hijo que por favor masajeara sus pies. Él accedió de inmediato, y con ambas manos empezó a hacer la tarea. Primero masajeó el pie izquierdo con mucha dedicación,  por alrededor de cinco minutos y mientras masajeaba sentía como la fetidez de los pies cansados de su madre ingresaba cálida por su nariz. Luego masajeó con la misma dedicación el pie derecho, sintiendo una extraña y agradable excitación. Cuando terminó el ejercicio, se dirigió rápidamente al baño, bajó el cierre de su pantalón y tomó su pene que estaba, como pocas veces, duro como roca. Con su mano derecha empezó a acariciarlo, mientras su mano izquierda la posaba cerca de sus fosas nasales, y aspiraba profundamente. Empezó a recordar a la mujer que hace unos pocos días se había sentado a su lado en la micro. Por su incapacidad visual, había desarrollado el sentido del olfato, la audición y el tacto, lo que le había permitido sentir cosas imperceptibles para una persona normal. Esa mujer, esa mujer se le venía a la mente, ya que entre el olor de la colonia barata, que parecía que hubiera desparramado indistintamente por todo su cuerpo, podía sentir el olor de su vagina, sus axilas y el de cada recoveco de su existencia. Mientras pensaba en la mujer, empezó a frotar con más fuerza su pene y a lamer por entre los dedos de su mano, imaginando que su lengua recorría su vagina. Súbitamente sintió como su cuerpo explosionaba. Creyó ver una luz, creyó ver con claridad un algo. Cabeza agacha con ambas manos apoyadas en el lavamanos,  sintió por unos segundos que no todo estaba perdido.

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