Quiero soñar contigo

agosto 16, 2009

desenfocada

Despierto-, –estoy vestido-, siento el frío de abril en la humedad de mi pieza, la recorro lentamente, me cuesta adaptarme a la escasez de luz, siento hambre, si mal lo recuerdo desde ayer que no pruebo bocado alguno, exceptuando café y un hobbie.

-estaba soñando con ella-

Busco su foto entre mis cuadernos, la miro, la evoco, la invoco, la anhelo, la siento. Enciendo un cigarrillo. Estoy solo. El toco se fue, si mal lo recuerdo el lunes, leo las últimas páginas de una novela que me deja un gusto pastoso en la boca. Siento una punzada en el abdomen.-Necesito ir al baño-. Atravieso el departamento en penumbras, entro al baño sin encender la luz, me miro en el espejo, me analizo y llevo a cabo una de mis tantas malas costumbres y orino suavemente en el lavamanos, siento dos segundos de placer, quizás el único que siento desde la última vez que me masturbe. Ya no siento hambre, solo sed, voy a la cocina, abro el refrigerador y lo único que encuentro es aceite y salsa de tomates, el vaho de putrefacción del  freezer consterna mis sentidos.

Salgo del departamento, –El frío, el frío-, una suerte de crisol multicolor de gente, me detengo y los analizo, todos parecen absortos en pensamientos muy importantes, algunos ríen pero la mayoría camina como si fuesen una especie de autómatas programados para un solo propósito… caminar. Imbeciles- me digo. Camino hacia una botillería y pago una petaca de pisco sour y cigarrillos, abro la pequeña botella, la siento, la miro, la bebo, su dulce néctar sagrado recorre mi cuerpo hasta llegar a mi cerebro, me siento fresco, saciado, purgado. Salgo de la botillería, camino por el centro, me recuerdo de mi novia, cierta melancolía me invade imposibilitándome pensar en otro ser que no sea ella, camino al teléfono mas próximo, descuelgo el auricular, me invade una profunda emoción, ansiedad, alegría, entorpecimiento, deposito las monedas y una tras otra caen y resuenan dentro de la caja que me puede apaciguar, lentamente marco, al cabo de dos tonos escucho su voz lejana, somnolienta, aburrida:

(Conversación telefónica)

– Alo!!!-

-Ah hola-

-¿Como estay polola? ¿Como te ha ido???¿Que tal el colegio?-

-Eh si bien…-

-Yo toy re cansao tuve una prueba enferma de pelúa y tuve que estudiar hasta la hora del chico.-.

-Que mala….

……….

…..

-Ehhhh será pos, por lo menos hay algunos que nos acordamos de los otros.-

-Eh-

-Toti tay re pesa que te pasa-

-A mí nada ¿¿por que???

-mnnnnnnnn-

-(Silencio)-

-(Silencio)-

(Pienso que no debería haberla llamado, su falta de interés me desconcierta hasta el punto de querer cortarle)

-Bueno pastel después hablamos-

-OK-

-Te quiero-

-Yo también-

Al finalizar su última frase golpeo fuertemente el teléfono, siento impotencia, -es una mierda-, -yo nunca le haría esa weá-, enciendo un cigarrillo, al mismo tiempo destapo la botella y bebo un largo trago de ella. –Hija de puta– digo en voz alta.

Camino lentamente al departamento, ya no me fijo en la gente, ni en el frío, ni en las luces, soy uno más, entro rápidamente al departamento, siento la misma soledad que al salir, me acuesto, apago el cigarrillo, cierro los ojos y vuelvo a dormir.

Quizás sueñe con ella-, una sonrisa invade mi rostro y me duermo.


La farra del lunes, el memorioso

agosto 6, 2009

He aquí un lunes cualquiera en la vida de un amigo de caca y amor.

Helios

Por Helios Lara López.


Confusión

agosto 1, 2009

Papelucho

Corre el año 1990 y la señorita Mercedes ordena al primer año básico sacar cuaderno, lápiz y goma para tomar un dictado. Javier, a sus seis años, acaba de aprender que la letra C puede pronunciarse de dos formas. En la sala los niños escuchan atentos y escriben las palabras:

“Auto”

“Mono”

“Ventana”

“Perro”

“Casa”

Javier duda, el conocimiento recién adquirido lo confunde y ya no está seguro de cómo escribir aquella palabra tan simple. El tiempo apremia, lo piensa dos, tres veces… Finalmente escribe “Caca”.