Horas y minutos de color azul

Abril 13, 2009

Era un lunes de mayo del 93, harto frío, harta humedad y harta lluvia (cuando llovía claro está), tenía unos nueve años y no quería ir al colegio, había pasado el fin de semana cagando caldo y por mas pastillas de carbón no pasaba nada.

-Hijo esta servido el desayuno… Eran las 7:20 de la mañana y ahí supe que estaba frito. Me vestí (y no me bañé porque los niños no se bañan por la mañana), me lavé la cara, los dientes, me puse los lentes y a la cocina. /Sonaba el puto matinal del 7 con sus horas y minutos color azul/ Leche con café… Mi vieja estaba embarazada y antes de irme me despedí de mi hermano que estaba por nacer…. -Chao hermanito.

El camino a la escuela fue normal, por esos años el pasaje no estaba asfaltado y había que tener cuidado de no meter los Jarman a alguna poza, el suelo era de ripio y parecía arena de playa mojada, la mañana estaba oscura, las nubes muy cerradas, el aire un poco dulce y tibio y la luz naranja de los postes ayudaba un poco a la atmósfera.

Pasé por la casa de Don Antonio, me ladró el perro de la señora Yola y miré por la pandereta de la casa de mi tía Tere.

La entrada al colegio fue de rutina, el portón azul, los apoderados, los profes, los compañeros y la voz del profe de turno.

-Buenos días alumnos.

-Buenos días profesor.

-Formación, tomen distancia- (y todos los wevetas tocándole el hombro derecho al weón que tenían delante).

-Vamos a entonar nuestro Himno Patrio- (no es mas fácil decir canción nacional?).

/Puro chile es tu cielo azulado/puras brisas te cruzan también/ Y tu campo de flores bordaaaado……/

Y sentía q me daban ganas de cagar.

/Duuuulllce patriaaaaa recibe los votos/…Con que shiiiiile sus haras juró/

Y me estaba cagando y estaba petrificado.

/O el asilo contra la opresión, o el asilo contra la opresión/

En ese momento tuve un lapsus, un bullet time pa ponerle color, donde veía a todos moverse, el profesor dando las instrucciones de irse a las salas y yo helado sintiendo como el caldo de mierda me salía del poto y corría por mis cachetes, muslos, pantorrillas y finalmente paraba en mis calcetines.

Todos seguían moviéndose, parece q se iba a poner a llover en cualquier minuto y yo petrificado (me movía y más me cagaba). Hasta que me encontré solo en el patio, silencioso, de ripio, mojado y helado, no había una sola alma y yo tenía dos opciones, o me iba a la sala a contarle al profesor o  me saltaba el muro que daba a la calle Fernández Concha y me iba corriendo a mi casa… Opté por la segunda, hecho un peo (literalmente) me salté la reja de un metro setenta y corrí a mi casa (no mucho porque hasta mi casa es una cuadra).

En la puerta comprobé que el caldo llegaba hasta mis Jarman y se decoloraba y escurría gracias a las gotas de lluvia que empezaban a caer. Segundos después entré llorando a la cocina y le conté a mi mamá, me desvestí y a la ducha, bien seco, pijama y a la cama, un tecito con azúcar quemada, unas gotitas y a ver el matinal.

Fue la primera y última vez que me cagué.